Titikaka

Tras un viaje nocturno de 7 horas y media, a las 5:30 a.m llegué a Puno.
Se suponía que tenían que estar esperándome en la estación de bus, aunque allí no había nadie.
Tras hacer unas averiguaciones me enteré de que mi guia era el “lisensiado Álvaro”,que cansado de esperar porque mi bus se había demorado estaba en su oficina.
Tras deshacer y hacer la mochila un par de veces, para preparar una pequeña para los dos días que iba a estar fuera y dejar el resto en Puno, a las 7:30 salíamos hacia el muelle.
En el camino conocí a dos españoles, Carlos y Ana y a un colombiano, Esteban, que serían mis compañeros de viaje ese fin de semana.
Titikaka, situado a 4000 metros de altura, es  el lago navegable más alto del mundo,por lo que conviene ir después de Cuzco o Arequipa, tras estar aclimatados a la altura o con una maleta llena de Sorochipills y hojas de Coca.

Mi tour por el lago Titikaka iba a consistir en visitar las islas Uros, Amantaní y Taquile, haciendo noche en la segunda de ellas en un homestay ( variedad de alojamiento en la que te alojas con una familia indígena y convives con ella).
En primer lugar pusimos rumbo a una de las muchas islas Uros, situada a una hora y cuya particularidad reside en que son islas artificiales, construídas por las familias que en ellas residen con grandes cantidades de una planta que crece en el lago  llamada Totora. Las islas son por tanto, capas y capas superpuestas de esta planta, a la que cuando se moja o se pudre, se le añaden más capas por encima.
Tras estar un rato en la isla con la familia que en ella habitaba, conocer sus costumbres y cómo se formaban las islas, nos encaminamos a la isla de Amantaní.

Islas uros y embarcación tradicional

Niños de las islas Uros

El viaje duró unas dos horas y media, que aproveché fundamentalmente para dormir, ya que en el bus a Puno no había pegado ojo, porque con mi buen karma y mi amor por los niños, me tocó uno al lado, que no paró quieto en todo el viaje.

Al llegar al puerto, nos esperaban “nuestras familias” para llevarnos a sus casas.
Yo me alojaba con Carlos, Ana y Esteban en casa del capitán que nos había llevado a la isla,su esposa Vilma y sus dos niñas.
Tras una comida tradicional consistente en quinoa( que está “ hasta en la sopa” literalmente), unos pocos vegetales y queso nos fuimos a visitar la isla.

Selfie con Vilma y su familia

Subimos al templo de Pachamama( madre tierra), a 4190 me de altura y disfrutamos de las espectaculares vistas del lago Titikaka.
 Lago Titikaka desde el templo Pachamama

sentirnos como en el “ cole” porque llegamos tarde a cenar y Vilma nos mandara a nuestros cuartos, teníamos una fiesta.

A mi particularmente no me gustó, porque se trataba de una fiesta falsa , preparada para los turistas, en la que encima teníamos que ir vestidos por nuestras familias con los trajes típicos, que con todos mis respetos son de lo más antieróticos y si ya de mochilera se va medio fea, vestida de “ jotera peruana” ya ni te cuento.
Después de la fiesta que tampoco durò mucho, porque todos teníamos más sueño que una cesta de gatos, nos fuimos a dormir porque al día siguiente nos levantábamos a las 6:30. La verdad, no pegué ojo, porque me tocó otra vez un “ ronquiditos” y porque el cuarto era un congelador a pesar de las 4 mantas con las que dormí. Aún así pese a lo mucho que me cuesta levantarme para ir a trabajar, cuando viajo no me importa lo más mínimo no pegar ojo.
Tras desayunar ( yo no mucho, porque Perú no está preparado para la dieta gluten free) y despedirnos de Vilma, pusimos rumbo a Taquile.
Tras llegar tocaba “ escalar” nuevamente para llegar al pueblo, y si no estás acostumbrado a la altura,
notarás un poco que te ahogas. Nosotros que estábamos todos muy “ fit” subimos sin apenas problemas, pero en el camino íbamos recogiendo gente, a la que íbamos animando y ayudando a subir.
Taquile es bastante más feo que Amantaní, así que si encontráis tours para ir en un día a Uros y Amantaní, es suficiente, porque aunque yo me lo pasé genial en el homestay, fue gracias al grupazo 
que me tocó, porque a mi los tours para guiris no me gustan nada.
Después de comer salimos en barco hacia Puno. El viaje, de unas 3 horas, me dió para siestear, escribir un poco en el blog y hasta tomar el solecito en la cubierta.
Una vez en Puno y tras volver a ser personas después de  ducharnos en la estación ( como casi todo el mundo viaja de noche, la estación tiene duchas con agua caliente por 5 soles), me fui con Ana, Carlos y Esteban a conocer Puno, ya que nuestros buses a Cuzco( Ana y Carlos) y el de Esteban y mio a Arequipa no salían hasta las 10 de la noche y faltaban 5 horas.
Puno como que no tiene mucho que ver( mejor dicho nada) así que tras ver la Plaza de Armas de rigor ( así se conoce aquí a lo que sería la plaza Mayor), nos fuimos a comer, porque la verdad que en las islas pasamos más hambre que los pavos de Manolo.
Un pollo a la brasa y un par de Inkas colas después nos fuimos nuevamente a la terminal terrestre.

Tras coger nuestras mochilas y despedirnos cogí en bus nocturno de las 10:30 con Cruz del Sur a mi siguiente destino, la ciudad de Arequipa.

Cena en Puno

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