Kyoto

Cuando estuve en Kyoto la primera vez, he de decir que no me hizo especial gracia. He de reconocer que tiene templos espectaculares como Fushimi- Inari, pero el conjunto global de la ciudad no me encantó. Sin embargo, cómo me alegro de haberle dado otra oportunidad y haber regresado porque esta vez me ha encantado.

Lo que ha diferido de una vez a otra, fundamentalmente el hecho de que esta vez me alojé enun sitio bastante céntrico, al lado de la Universidad de Kyoto, y de ahí me podía mover en bici a todos lados ( y con lo poco que me gusta a mi la bici, lo que me encanta cuando estoy fuera)
Así que con una bici que alquilé en el hostel por 4 euros al día me recorrí todo ( aunque dado que en Kyoto hay más de mil templos) no fui a aquellos que ya había visto por ejemplo y me limité a otros importantes que la otra vez por razones de tiempo no vi, o a otros que como setas van apareciendo en el camino.

Kyoto es ciudad de ciclistas, eso sí, para lo ordenados que son los japos, lo de pedalear es un caos ( aunque muy seguro) , puedes ir por la derecha, por la izquierda, por la acera, por el arcen…. vamoslo que te dé la gana, aunque hay que estar atento para no estamparte con alguno que viene de frente o que gira por donde le da la gana( algo que yo acabé haciendo también claro).Y con la bici es super cómodo y rápido para llegar a todos lados), además haces ejercicio y si te hace buen tiempo ( por supuesto no fue mi caso) es aún más agradable.

El primer día fui a ver el templo de Shimogamo que es uno de los más antiguos,y luego el pabellón de playa  y de ahí pensaba ir a ver el de Sanjusangendo, pero cosas que pasan en el camino me topé con tantos templos inesperados tan bonitos,no turísticos y de los cuales no sé ni el nombre, que finalmente no llegué.

Templo de Shimogamo 

Gingakuji o pabellón  de plata

Pasé también por Heian y Chion( esos ya los había visto)en el camino a comprarme una nueva mochila, porque sí señoras y señores la mia petó…y me tocó llegar al aeropuerto para volar de Tokyo a Osaka con ella precintada con cinta aislante y unos imperdibles que me dieron en el hostel….
Así que ahora tengo una más grande ( por si acaso) y más nueva.

Con este glamour me paseo, del ” Birkin” mejor ni hablamos ya 
Día 2, más templos y luego picnic en Maruyama Park, que para un día que hacía  decente…. No como el día que Manu y yo lo intentamos y nos moríamos de hipotermia con nuestras cervezas del sakura.
Tras una paseo rápido por Gion y ver una maiko ( aprendiz de Geisha) me tocó rehacer la maleta… y por si acaso ya he ido tirando cosas, como mis jerseys peruanos, que claro por 5 euros que costaron, tenían unos agujeros en el brazo por los que podía meter la cabeza… 
Gion 

Cartel de ” no acosar ” a las  geishas 

El arbol más famoso de MAruyama Park 
Y para rematar Tokyo salí con Charlotte la francesa que estaba en mi hostel de Tokyo y un amigo suyo a un bar muy muy chulo que se llamaba l’escamoteur.
La única pega, que en Japón no se puede fumar en la calle, pero sí entodos los bares ( así de originales son) con lo que llegué apestando a tasca,que pese a que me oree bien pedaleando de vuelta a casa, a día de hoy mi falda de cuero sigue atufando.

Me alegro muchísimo de haberle dado esta segunda oportunidad a Kyoto porque me ha encantado y se meha quedado corto. Tanto me gustóque el último día después de salir me levanté a las 6 habiendo dormido 2 horas porque por fin hacía de primavera y quería dar un último paseo por el “ phlilosophers path”, pero quien necesita dormir, que para eso ya estará el reino de los cielos!y a saber cuando vuelvo a Japón …..

Camino del filósofo 

Templo de Nanzen-ji en el camino del filósofo 

Rezos matutinos en Nanzenji 

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